Don silencio y sus amigos entraron en mi casa.
Era un día cálido y Don Silencio se coló despacio por el hueco de la chimena que aún no estaba encendida.
Atravésó de puntillas el salón y llegó hasta la cocina.
Alli, se encontró con una olla llena de olores, sabores y rica comida.
Pero según entró, la olla guardo silencio y dejó de decir su "Plof, plof, plof..." que decía bajito desde hacia un rato. Cuando entró la mañana, olía muy bien, a laurel, cebolla, pimientos....
pero no se oía nada.
Como era muy curioso, siguió recorriendo mi casa y llegó al cuarto de Nerea,
que olia a sueño dulce de caramelo de fresa.
Pero al atravesar la puerta, ya no se oía nada.
Ni la suave respiración de Nerea, que hace un momento sonaba acompasada.....
Siguió caminando, hasta que se encontró mi cama.
Allí Don Silencio, se quitó las zapatillas, se puso un pijama
y encontró un hueco, por donde colarse en mi alma.
Desde que Don Silencio llegó a mi casa,
Todos los olores son mas intensos,
los colores más brillantes,
pero ahora tengo que oir de otra forma
pues nada se escucha, todo está en calma.
viernes, 24 de abril de 2009
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